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PEGASUS, VOLVER A 1984

Samuel Hernández Apodaca

El gran reto para los periodistas y los ciudadanos es

que el miedo nos sirva y no nos conquiste.

Carmen Aristegui.

¿De qué tamaño es el miedo que un gobierno puede tener a sus ciudadanos? Esos ciudadanos que se desempeñan como comunicadores, activistas. Los que desempeñan el importante papel de ser Defensores de los Derechos Humanos. ¿Quién decidió utilizar una herramienta destinada a combatir el narcotráfico y el terrorismo, contra los ciudadanos? ¿Por qué un gobierno lleva a cabo este tipo de espionaje contra los ciudadanos?

Desde febrero de este año, activistas que impulsaron el impuesto a las bebidas con alto contenido de azúcar denunciaron el espionaje en su contra, a través de sus teléfonos celulares. Esto ocurrió entre julio y agosto de 2016. Las víctimas de este espionaje: Simón Barquera, director de investigación en políticas y programas de nutrición del Instituto Nacional de Salud Pública, Luis Manuel Encarnación, exdirector de la Fundación Mídete, y Alejando Cavillo, fundador de El Poder del Consumidor. La empresa detrás del programa espía­ -malware Pegasus- es la misma: NSO Group.

Gracias al apoyo de Citizen Lab de la Universidad de Toronto, se logró identificar el ataque que se daba a través de un jailbreak al dispositivo espiado, se instalaba un sofisticado software que habría permitido al atacante tomar control de diferentes funciones y acceder a los contenidos del aparato tales como: archivos, datos del calendario, listas de contactos, contraseñas. Los mensajes de texto, de aplicaciones como Gmail, WhatsApp, Skype, Facebook, Telegram. Además de poder escuchar llamadas realizadas por teléfono, a través de WhatsApp o Viber. E incluso grabar, utilizando el micrófono y la cámara del dispositivo.

En aquel momento al igual que hoy, Citizen Lab, concluye que hay un responsable: el gobierno mexicano, y es muy claro porque SOLO UN GOBIERNO, puede adquirir este malware, además de que el gobierno mexicano es cliente de NSO Group, fabricante del malware. Veamos, quienes utilizan este programa espía son: la Secretaría de la Defensa Nacional, la Procuraduría General de la República y el Centro de Investigación y Seguridad Nacional. Diferentes medios ya han tratado el tema, aunque se tomaron como notas aisladas: Aristegui Noticias, el 16 de julio de 2012; la revista Contralínea, el 22 de julio de 2012; el periódico Reforma, el 12 de septiembre de 2016. No obstante, pocos le dieron importancia.

En nuestro país el espionaje está tipificado como delito, así lo plasma el Código Penal Federal en los artículos 127 al 129, pero las referencias son peliculescas, como sacadas de un guión de la guerra fría. También se alude en el Capítulo II de dicho ordenamiento lo concerniente a “Violación de Correspondencia”. El artículo 177 estatuye: “A quien intervenga comunicaciones privadas sin mandato de autoridad judicial competente, se le aplicarán sanciones de seis a doce años de prisión y de trescientos a seiscientos días multa.” En la Constitución, el artículo 16 constitucional establece: “Las comunicaciones privadas son inviolables. La ley sancionará penalmente cualquier acto que atente contra la libertad y privacía de las mismas. Exclusivamente la autoridad judicial federal, a petición de la autoridad federal que faculte la ley o del titular del Ministerio Público de la entidad federativa correspondiente, podrá autorizar la intervención de cualquier comunicación privada”.

En la nota de The New York Times, firmada por Azam Ahmed y Nicole Perlroth, se advierten otras víctimas del espionaje: defensores de derechos humanos, periodistas, activistas anticorrupción, familiares de éstos y abogados que investigan la desaparición de los 43 estudiantes de  Ayotzinapa. Dicen los autores de la nota que: “El software ha sido utilizado para vigilar a algunas de las personas que han sido más críticas del gobierno, así como a sus familiares”. La respuesta del gobierno, muy básica: “Como en cualquier régimen democrático, a fin de combatir al crimen organizado y las amenazas contra la seguridad nacional, el gobierno mexicano realiza actividades de inteligencia”.

Lo cierto es que de acuerdo con The New York Times: “NSO Group asegura que es muy poco probable que los cibercriminales hayan obtenido acceso a Pegasus de algún modo, porque el programa solo puede ser utilizado por las agencias gubernamentales en las que se ha instalado la tecnología.” ¿Y entonces? ¿Qué otra respuesta “inteligente” puede dar el gobierno del señor Peña?

Saber esto indudablemente nos remonta a la obra de George Orwell: “1984”, libro que ha inspirado alrededor del mundo el concepto del Gran hermano, el de un gobierno fuerte, todopoderoso y protector que también nos vigila, dirige y dice que hacer a través de sus ministerios: el del Amor, encargado de administrar los castigos, la tortura y reeducar. El de la paz, de asuntos relacionados con la guerra. El de la Abundancia, encargado de la economía y de que la gente siempre viva al día. Y el de la Verdad, dedicado a manipular y destruir documentos históricos, para que coincidan con la versión oficial.

¿Qué ocurría en 1984? Nacía la Generación Y, también lo hacían Mark Zuckerberg (Facebook), Gottfrid Svartholm (The Pirate Bat), aparecía la Macintoosh 128k (Apple) y los gobiernos de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, consolidaban la idea de pensamiento único y de orden mundial.

Para los que crean que en México no se espía, la nota de ayer echa abajo su inocencia. También da una lección a aquellos que creen que como “no son importantes”, no son espiables; ilustra a quienes afirman que “no digo nada importante”. Decir lo que tomas, lo que lees, dónde estas, si estas enfermo o cómo te sientes, todo es útil. La intimidad, las comunicaciones, las confesiones, los sentimientos o incluso los estados en redes sociales, son información valiosa para quien sabe leerla, administrarla y utilizarla. En esta era digital, nadie está a salvo. Solo la prudencia puede ayudarnos.

Por hoy es todo, nos leemos la próxima. Carpe diem


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Samuel Hernández Apodaca

Doctor en Derecho. Investigador, Columnista, Divulgador del conocimiento, Indispensable seguir a  PaideiaMX  y Revista Quaestionis.


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